Muchas veces sólo necesitamos dedicarnos un tiempo para nosotras. Y muchos de mis momentos favoritos son esos en los que me puedo mimar un poco en casa. Todas esas pequeñas cosas como hacernos la manicure, una exfoliación o aplicarnos una mascarilla. Lo he hecho desde que recuerdo y las sigo haciendo hasta ahora, aunque ahora tal vez con productos más elaborados.
Y es que esas pequeñas rutinas con nosotras mismas son una especie de engreimiento y acto de fe. Porque sí, tal vez nada cambia... pero a la vez todo cambia. Porque cuando nos tomamos esos momentos para mirarnos, engreírnos y cuidarnos, sentimos que realmente lo merecemos. Que vale la pena invertir ese tiempo en nosotras mismas, día tras día. Aún cuando hayamos regresado muy cansadas del trabajo o hayamos tenido un día agotador con los hijos, cuando todo se calma y regresamos a esos rituales, podemos tener esos minutos de calma y paz.
No sé exista alguna crema que haga que el tiempo se detenga, pero si sé que existen esas que me hacen ver mi propia piel más linda. Y cuidarla me hace feliz. Y para mi, eso es suficiente.





